Despídete para siempre de la "fatiga de productividad" en 3 pasos






Durante la última década, hemos forjado una relación complicada con la productividad. Expertos, psicólogos, escritores e incluso fundadores han alentado a las personas a optimizar y maximizar su tiempo hasta el punto en que términos como la fatiga de la productividad y la vergüenza por la productividad comenzaron a florecer. Entonces llegó la pandemia.


A continuación, te compartimos los 3 pasos básicos que Aytekin Tank escribe para ayudarnos a eliminar la llamada "fatiga de productividad" y restablecer nuestros hábitos diarios mientras nos adapatamos a las nuevas formas de trabar y vivir.


A medida que damos los primeros pasos tentativos hacia la normalidad y salimos del encierro, con los ojos muy abiertos y un poco desconfiados el uno del otro, ¿cómo debería ser la productividad? ¿Intentaremos recuperar lo que se siente como tiempo perdido? ¿O finalmente descubriremos cómo abrazar una vida más lenta, incluyendo todo lo que pasó durante un año de aislamiento?


Ahora es el momento perfecto para restablecer nuestra visión de la productividad. Volvamos a la excelente definición del autor James Clear: “A menudo asumimos que la productividad significa hacer más cosas cada día. Equivocado. La productividad consiste en hacer las cosas importantes de forma constante. Y no importa en qué estés trabajando, solo hay algunas cosas que son realmente importantes ".


También pensemos que en lugar de alcanzar objetivos interminables o poner la vara cada vez más alta, anhelamos un progreso constante. "De todas las cosas que pueden impulsar las emociones, la motivación y las percepciones durante una jornada laboral, la más importante es avanzar en un trabajo significativo", escriben los investigadores Teresa M. Amabile y Steven J. Kramer en Harvard Business Review. “Y cuanto más frecuentemente las personas experimenten esa sensación de progreso, más probabilidades tendrán de ser creativamente productivas a largo plazo”.


Así que a continuación les presentamos tres tácticas simples que pueden apoyar el cambio necesario para revitalizar nuestras rutinas y despedirnos de la fatiga de productividad:


1. Dale a tu cerebro descansos reales


Quizás hayas probado una desintoxicación digital, como evitar ver dispositivos electrónicos los sábados. Es una idea inteligente, pero en realidad es necesario reducir drásticamente lo que nos metemos en la cabeza durante toda la semana. En la década de 1990, la psiquiatra Nancy C. Andreasen acuñó el acrónimo REST (pensamiento silencioso episódico aleatorio) para describir la asociación libre en la que participan nuestros cerebros durante la relajación silenciosa. Actualmente Nancy está estudiando a un pequeño grupo de artistas, científicos, matemáticos y otras personas que trabajan en la cima de campos exigentes.


Para muchos de los participantes, “dejar que su mente funcione libremente es un gran recurso para su creatividad”, dijo Andreasen a The Washington Post. En otras palabras, la productividad requiere un suministro constante de pensamientos novedosos que surgen solo a través del descanso. Necesitamos reabastecer nuestros estantes mentales si queremos hacer un trabajo significativo.





2. Abraza tu momento "Niksen"


Para reponer tu mente a lo largo del día, considera alguna de las filosofías de estilo de vida que han estado saliendo a la luz como hygge, ikigai y friluftsliv. En este caso te presentamos Niksen, que es el arte holandés de no hacer nada. Si bien es desconcertante pensar que necesitamos que nos alienten para observar la cafetera trabajando o mirar por la ventana, niksen es una experiencia poco común para muchos de nosotros.


Cuando termines una tarea, deténte un momento antes de comenzar la siguiente. Cierra los ojos y siente el sol en tu rostro. Cepíllate los dientes sin entrar a Instagram. Come tu almuerzo en silencio, si es posible, sin llamadas ni podcasts. Hay una razón por la que tanta gente tiene ideas brillantes en la ducha; su mente tiene unos minutos preciosos para vagar libremente.


Sabemos que términos como "niksen" pueden parecer engañosos, pero recuperar pequeños espacios de tiempo puede ayudar a recalibrar tu productividad. Observa a las personas que esperan en una fila y está claro que no hacer nada es casi un acto radical. Pero observar a los pájaros o relajarse en un banco del parque hace que sea más fácil recordar que no eres una máquina diseñada para lograr y producir.


3. Descubre lo que te ilumina


Cuando nos obsesionamos con la productividad, perdemos oportunidades diarias de experimentar alegría, incluso en pequeñas porciones. La pandemia nos recordó que la vida es fugaz. No podemos dar por sentados placeres simples, como tomar café con un amigo. El trabajo es otra oportunidad para explorar lo que nos hace felices. Es un privilegio, por supuesto, pero cuando sigues tu curiosidad, amplías tus habilidades y tomas riesgos creativos, el estrés disminuye y es más probable que entres en un estado de fluidez.


La meditación es otra excelente manera de explorar lo que importa. A estas alturas, probablemente lo sientas como un multivitamínico o un deber en tu lista, pero hay una razón por la que todos lo sugieren: la atención plena ayuda. Pasar unos minutos siguiendo tu respiración o viendo cómo tus pensamientos revolotean en la brisa calman el cerebro. Lo que a menudo surge es un poco de perspectiva; tal vez incluso un destello de claridad sobre cómo y por qué estás trabajando, y qué podría mejorarlo.






Fuente: Aytekin Tank, Fast Company

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