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La perspectiva actual del trabajo remoto



Desde que la pandemia nos forzó a reconsiderar en su totalidad la forma en la que vivimos, una gran parte de los trabajadores de todo el mundo empezó a laborar desde casa. Cinco meses después, el home office nos ha dejado varias enseñanzas acerca de la forma en que trabajamos.


Gran parte de lo que es actualmente la cultura del trabajo empresarial se ha construido en torno a la experiencia de la oficina.


Si bien la idea de trabajar desde casa ha estado presente desde hace varias décadas, hasta hace unos meses no eran tantos los trabajos que lo requirieran. Gran parte de lo que es actualmente la cultura del trabajo empresarial se ha construido en torno a la experiencia de la oficina. Después de todo, ésta ha sido sinónimo de trabajo desde por lo menos el siglo 19 en Europa.


Los últimos veinte años han visto una alza del trabajo desde casa: distintos mercados laborales que surgieron a partir del crecimiento vertiginoso del internet fueron en parte responsables. Sin embargo, el tener que replantear el balance vida-trabajo agarró en curva a todos los trabajadores que hasta entonces nunca lo habían vivido.


El trabajar desde casa implica tomar una serie de medidas para convertir un espacio de vida en un espacio de trabajo, y desafortunadamente, a veces no basta con volver a configurar los muebles. Un estudio de 2012 indica que trabajar desde casa puede potenciar la productividad de cierto tipo de actividades mientras que dificulta la de otras. El teletrabajo, al parecer, facilita la realización de actividades creativas, mientras que dificulta tareas más monótonas. Esto apunta a que el ambiente en el que se trabaja tiene un efecto sobre el desempeño: Un ambiente regulado y entendido como destinado al trabajo ayuda a enfocarse en tareas que requieren menos entusiasmo y compromiso; mientras que un ambiente más relajado, que uno entiende como un lugar seguro y de descanso es mejor para los procesos creativos.




Sin embargo, se ha encontrado, contrario a lo que se esperaba, que la productividad laboral ha aumentado en tiempos de home office.


Un estudio realizado con la ayuda de Prodoscore en marzo y abril de 2020 reveló impresionantes datos: comparado con el mismo periodo en 2019, el número de llamadas, correos, y mensajes instantáneos intercambiados aumentó de forma significativa, y la Gestión de Relaciones con Clientes mejoró en un 176%.


A pesar de mostrar resultados positivos en los números, el teletrabajo sigue siendo un tema divisivo. Algunas grandes empresas empiezan a pensar en planes para poder trabajar desde casa para siempre, ya que la contingencia sanitaria se alarga y es difícil determinar cuándo será posible volver a la vida como era antes, o incluso si será posible del todo. Por otro lado, se ha dicho que no es la primera vez que se busca implementar el home office como modalidad laboral permanente, y que no ha dado buenos resultados en el pasado: pérdidas en los ingresos, dificultad para contactar a los empleados, ausentismo… Además, ahora la privacidad también es una preocupación: algunos empleadores pueden llegar a sentir que pierden el control sobre sus empleados, y recurren al spyware para monitorear su trabajo.

Este último punto da a entender que los empleadores no confían en que las personas que supervisan estén trabajando suficiente, cosa que apunta a una de las muchas fallas de la cultura laboral con la que vivimos: no hay confianza entre las personas que componen a una empresa.


El trabajo a distancia está sacando a la luz muchas cosas que sabíamos sobre nuestra forma de trabajar, pero que nunca habíamos tenido tiempo de cuestionar. El ponerlas en evidencia nos permite intentar solucionarlas.



Podría haber una ventaja escondida en esta revelación. El trabajo a distancia está sacando a la luz muchas cosas que sabíamos sobre nuestra forma de trabajar, pero que nunca habíamos tenido tiempo de cuestionar. El ponerlas en evidencia nos permite intentar solucionarlas.



Por ejemplo, replantearse la flexibilidad de los horarios y formas de trabajo implica también tener conversaciones sobre autonomía, confianza y responsabilidad individual. Estas conversaciones, si se tienen de forma productiva, podrían llevarnos a tener relaciones más humanas y empáticas con nuestros colegas.


El trabajo remoto permanente plantea nuevas posibilidades.


De abrirse en ciertas empresas que antes no tenían esa modalidad, sería posible contratar gente que no viva en la ciudad sede de la empresa, incluso gente de otros países. También sería una manera de generar oportunidades de trabajo para personas que no puedan salir de casa por varias razones (amos y amas de casa, personas con discapacidades motrices, personas con enfermedades crónicas o inmunocomprometidas) teniendo en mente distintas formas de acoplarse a sus necesidades específicas. Podría ser una forma de construir un mundo laboral más diverso e inclusivo.


Cabe mencionar que todos los artículos y fuentes mencionadas hasta ahora hablan del desempeño del home office en Estados Unidos. Si bien el modelo empresarial vanguardista en México busca calcarse sobre el estadounidense, hay que recordar que la economía mexicana es muy distinta. Es bien sabido, por ejemplo, que el sector informal representa gran parte de los empleos existentes en este país. Para ser exactos, en 2019, más de 15 millones de personas laboraban en este sector, aportando en 2018 el 22.5% del PIB. Es una parte esencial de la economía mexicana y forma parte de nuestra cultura. Sin embargo, con la inevitable caída de la economía resultante de la pandemia, poco se ha hablado de medidas para proteger esos empleos y los ingresos que generan. Respecto a la población activa que labora en lo empresarial, tampoco se ha tomado en cuenta que no todos cuentan con las circunstancias ideales (o incluso adecuadas) para realizar home office. Sólo 44.3% de los hogares en México cuentan con computadora, y sólo 56.4% cuentan con conexión a internet.


Quienes hablan del teletrabajo permanente como la panacea de todas las problemáticas de la cultura laboral, sólo están pensando en un sector reducido y privilegiado de la población.




Nunca antes en la historia la humanidad se había enfrentado a una pandemia de estas proporciones al mismo tiempo que existieran las herramientas tecnológicas que tenemos hoy.


Habiendo dicho todo esto es importante recordar, cuando se habla del home office como el futuro del trabajo y se sopesan sus pros y contras, que estamos viviendo circunstancias inéditas. Nunca antes en la historia la humanidad se había enfrentado a una pandemia de estas proporciones al mismo tiempo que existieran las herramientas tecnológicas que tenemos hoy. Es gracias al hecho de que el mundo laboral depende en gran parte de las TICs que fue posible para algunos guardar la cuarentena y seguir generando ingresos. Y de cierta forma, puede que esta vez haya dado buenos resultados porque no había alternativa más que adaptarse a las circunstancias, bajo pena de perder el trabajo. Tal vez los otros experimentos de home office no resultaron porque la gente no estaba obligada a permanecer en casa. Puede que cuando salga a la venta una vacuna algunos lugares de trabajo empiecen a tomar acciones para volver a las oficinas y recuperar la normalidad perdida, pero es probable que nada sea igual otra vez.


Estos cinco meses han traído cambios y aprendizajes sobre todos los aspectos de la vida, y el mundo del trabajo no está exento.


Aunque el futuro sea incierto, por lo menos es seguro que no volveremos a pensar igual sobre la forma en que trabajamos.
















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